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Mutante y orgulloso: los X-Men, el primer colectivo de superhéroes en evolucionar

Los X-Men, una alegoría sobre la discriminación en constante evolución

Por Redacción

La saga planteó desde su génesis grandes debates y abrió la puerta al género en el cine

Las figuras heroicas han servido a la humanidad durante siglos para retratar sus mitos e historias de modo alegórico: desde la Antigua Grecia, figuras más que humanas realizaron proezas increíbles, muchas veces enmarcadas en hechos históricos reales, para pasar de generación en generación los valores y los conflictos de las sociedades.

Pero los formatos han cambiado: del relato oral se pasó al escrito y luego, llegó el cine, el gran creador de mitos de la modernidad, que exploró las fronteras reales y metafóricas con cowboys, astronautas y todo tipo de monstruos y que ahora vuelve a erigir en su centro a los superhéroes.

La explosión del género es mayormente comercial, desde ya, un éxito que funciona por su capacidad de atraer a las generaciones más jóvenes al cine (y lejos de la piratería, incapaz de replicar la expectacularidad de la gran pantalla) pero también a adultos nostálgicos y a padres con pasados “comiqueros”. Y el puntapié de todo lo dio “X-Men”, con la trilogía original de películas que comenzó en el año 2000 y mostró que los comics podían hacer grandes películas para chicos y adultos.

PIONEROS

Las cintas aprovecharon el profundo significado que la serie animada, al aire entre 1992 y 1997, tuvo para toda una generación: fenómeno global durante los 90, significó un salto evolutivo para la animación mostrando una complejidad mucho mayor que los héroes clásicos de la Liga de la Justicia o los Vengadores, tanto en las formas de narrar como en las temáticas. Una complejidad formal y temática que en las historietas adoptaron también otros superhéroes, pero que llegó al cine superheroico recién después de que la trilogía de filmes de “X-Men” abriera la puerta hacia un cine de superhéroes lejos del “camp” y más profundo en su propia mitología.

Una complejidad que “X-Men” tuvo desde sus orígenes en 1963, cuando comenzó a publicarse en medio de una sociedad estadounidense socialmente desgarrada: y aún en la animación, publicada en los coloridos 90, orientada para “toda la familia” y que no mostraba sangre, los “X-Men” desafiaron al espectador con tramas que incluían viajes temporales y universos paralelos, mientras volvían borrosa la línea entre el bien y el mal y ponían en el centro de la escena el debate en torno a la discriminación en todas sus formas, e incluso las políticas utilizadas para justificarla: en el universo de los Hombres X, los mutantes son perseguidos por políticos que los creen “peligrosos” por ser diferentes, despertando una violenta resistencia de parte del grupo de humanos evolucionados. Una resistencia que en la nueva trilogía cinematográfica se refleja bajo el lema “mutante y orgulloso”

RACISMO Y DESPUES

Se trata de una clara alegoría sobre el racismo y las luchas sociales en EE UU al tiempo del surgimiento del comic que, con el tiempo, fue transformándose para explorar otras discriminaciones y abusos de poder: “Lo que siempre me ha interesado de la franquicia de ‘X-Men’ es que habla por todos los que se han sentido marginados o no han sido aceptados dentro de la sociedad”, remarcó Michael Fassbender, que vuelve a encarnar al complejo Magneto en la última entrega de la saga, “X-Men: Apocalipsis”.

Magneto es durante toda la saga perseguido por sus habilidades, algo que el actor espera que ayude en la causa contra la discriminación: “Todo lo que la gente relacione de la película sobre su etnicidad, creencias religiosas u orientación sexual es bienvenido, ya que todas estas causas son relevantes”.

La cinta coloca en el eje del problema al fanatismo, encarnado en la figura de “un falso Dios” que al actuar con “arrogancia” lleva al mundo a su descalabro, según palabras de Singer, otra vez director. Plagada de citas bíblicas y con la incorporación de un superhéroe religioso y practicante, el cineasta muestra los riesgos del “fanatismo”, situación a la que se llega cuando “la gente está desencantada”, y sigue ciegamente a un ser “que reclama que le rindan culto”.

En este sentido, subrayó Fassbender, en alusión a la campaña presidencial de Donald Trump y su estigmatización del colectivo latino: “Me da miedo la mentalidad de exaltados de algunos grupos de personas que atacan a otros colectivos y los utilizan como cabeza de turco. Asusta cuando la gente se comporta así y se hace con el control”.

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